En esta entrada me gustaría mostraros un par de casos clínicos muy característicos del Trastorno Obsesivo-Compulsivo, en los que se pueden apreciar distintos tipos de obsesiones como maniáticos de la limpieza, repetidores o sexuales.
Caso 1: Julia (TOC lavador, limpiador)
Me llamo Julia y soy ama de casa. Tengo tres niños preciosos y un marido que no me lo merezco. Todo el mundo podría pensar que lo tengo todo, pero apareció el TOC: mis miedos se centraban en el polvo. Jamás estaba todo lo reluciente que yo quería y que creía que mi marido y mis hijos se merecían.
Me asaltaban unos miedos irrefrenables a provocarles enfermedades si no me aplicaba con más ganas a limpiarlo todo. Incluso, en los estadios más graves de la enfermedad, creía que al terminar una habitación y hacer otra, la anterior ya se había llenado de polvo tóxico para los míos y para mí misma. Lo peor del caso era que no me daba cuenta y de que mis obsesiones me hacían olvidar vivir mi propia vida y disfrutar de todo lo bueno que hay ahí fuera.
Llegué a una desesperación tal que todos mis seres queridos me aconsejaron buscar ayuda. Después de mi terapia he aprendido a controlarme, a jugar con mis hijos dejando que se ensucien sin sentir miedos, salir con mi marido y ¡ser yo de nuevo!
Caso 2: Carlos. Obsesión con la homosexualidad.
Mi mejor amigo es homosexual y siempre le he envidiado por ser feliz o al menos así le he considerado.
Yo sin embargo soy heterosexual y me he considerado, ahora gracias a Dios ya no, el ser más infortunado de la tierra. ¿Por qué? Voy a intentar explicarme.
Tenía novia. Me casé. Siempre me han gustado muchísimo las mujeres pero a veces me venia un pensamiento a la cabeza: ¿Y si lo que a mi me gustan son los hombres? ¿Seré homosexual? Estos pensamientos que me surgían de vez en cuando, llegaron a un punto que se hicieron constantes y me hacían sufrir hasta el infinito. Llegaron a un punto, que me impedían sentarme junto a un hombre, en un cine o en una cancha de baloncesto. Rehuía la más mínima aproximación. Me negaba a mi mismo el ir a una playa. ¿Y si miro a un hombre en bañador? ¿Qué pensaré?. Todo eran preguntas, dudas que no me dejaban tranquilo. Jamás lo comenté con mi mujer, pero sí lo hice con mi amigo, el que sí era homosexual. El lo tomaba a broma y trataba de convencerme de que yo no lo era en absoluto y que podía estar tranquilo. Su argumento era de lo más convincente para una persona normal, pero no para mí que yo a mi mismo me consideraba anormal. El me decía:
“Mira, un homosexual, es igual que un heterosexual. No se plantea su identidad de sexo. Es feliz tal como es. Sabe que es homosexual. Tú sabes que eres heterosexual pero sufres porque te planteas ¿y si… me gustan los hombres? La duda. Siempre la duda no aceptada que es lo que te hace infeliz si fueses homosexual de verdad estarías contento de serlo. Tendrías tus problemas como todo el mundo los tiene. Yo no tengo duda alguna. Soy homosexual ¿Y qué? Y si fuese heterosexual, como lo eres tú, pues muy bien también. Feliz. Tu problema amigo es psicológico y es un profesional quien te lo tiene que resolver, pero en definitiva te dirá a su manera o con sus técnicas lo que te digo yo: que eres heterosexual y punto”.
Mi amigo tenía razón le hice caso y me puse en manos de un experto. Ya no me pregunto ¿Y si? o “a ver si”. Ahora soy tan feliz como lo es él. La diferencia es que a él le gustan los hombres a y mi las mujeres. A él le gusta el fútbol y a mi el baloncesto. Ah! ya puedo ir a la playa y disfrutar del mar.
Os dejo un video de un testimonio real y como ve ella el trastorno.
Os dejo un video de un testimonio real y como ve ella el trastorno.

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